🔥 QUIZÁS YA NO QUEDAN BANDAS DE ROCK, SOLO NIÑOS DE PAPÁ QUERIENDO SER ROCKEROS

Por Fran – RdeRock

Hoy han salido los primeros nombres del Viña Rock 2025 y llevo toda la tarde con un nudo en el estómago que ni con tres discos de La Polla en bucle se me deshace.

Y no es rabia pura. Ojalá.
La rabia es simple: señalas, disparas y a correr.

Esto es peor: pena mezclada con cabreo, decepción abrazada a la incomprensión… esa sensación asquerosa de cuando alguien te dice “no es para tanto” justo cuando sabes que , que es para muchísimo.


Porque hoy he visto nombres que me importan. Bandas que he seguido, que he visto crecer, que respeto. Y no entiendo nada.
O sí lo entiendo, y por eso escuece más.

2025 era el año. De verdad.
No como 2024, cuando lo de KKR comprando Superstruct pilló a todo el mundo con los festivales ya montados y las giras arrancadas. Ese año era un marrón, vale. Había que tragar.

Pero 2025 no.

Este año todo el mundo sabía perfectamente de dónde venía el dinero.
Todo el mundo sabía que el Viña Rock depende de una promotora comprada por un fondo con intereses vinculados al Estado israelí y a negocios que cualquiera con un mínimo de coherencia rechazaría sin pestañear.

Y este año, precisamente este, era cuando tocaba decir NO.
Fuerte. Masivo. Histórico.
Vaciar el cartel. Cerrar filas. Que nos llamaran radicales, antisistema, perroflautas, lo que quisieran.
Eso significaba tener principios.

Pero no ha pasado.


Peor aún: han salido bandas a justificar por qué van.
A dar argumentos, explicaciones, discursos que no se creen ni ellos.
Porque cuando tienes que justificar algo… es que sabes que está mal.

Lo evidente no se explica.
Lo evidente se hace y punto.

Lo demás es silencio cómodo. Neutralidad cobarde. Esa palabra que tanto les gusta: “no posicionarse”.
Como si fuera una opción viable con miles de muertos encima de la mesa.


No me vengas con separar música y política.
El rock siempre ha sido político.
Desde Barricada hasta Reincidentes, desde Marea hasta cualquier grupo que haya cantado sobre obreros, desahucios y dignidad.

Y a las bandas les digo:

Si tu defensa es “somos músicos, no nos metemos en estos temas”
entonces no eres rock.

Eres karaoke con distorsión.
Postureo bien maqueado.
Estética sin alma.


Cuando la mayoría ha dicho que NO, y aun así te llaman… no es porque seas la revelación.
Es porque tienen un agujero en el cartel del tamaño de la fosa de Las Marianas y necesitan parches desesperados.

No eres plan A.
Eres parche.

Y tú en lugar de preguntarte por qué este año sí, te compras el discurso.
Prefieres visibilidad a dignidad.

Spoiler: ese trato siempre sale caro.


Porque ir al Viña este año no te suma.
Te resta.
Te señala.
Te pone en el lado equivocado de la historia.
Te aleja de la gente que creía en tu discurso.

Y eso no se arregla con una entrevista bonita ni con un “nosotros solo hacemos música”.


El rock ha perdido el norte.
Se ha convertido en un disfraz: camiseta negra, frase lapidaria y cero cicatrices.
Postureo con volumen.
Y poco más.

Así que sí, mi conclusión es esta, y me duele escribirla:

Quizás ya no quedan bandas de rock de verdad.
Quizás solo quedan niños de papá haciéndose fotos como si fueran rockeros.

Gente que canta sobre la calle sin haber pisado el barro.
Que habla de coherencia y la vende por un hueco en un cartel.
Que presume de actitud pero se deshace ante un cheque.


Porque si el rock fuera lo que dice ser, este año el Viña estaría vacío.
Y no lo está.

Está lleno de grupos que han puesto la “oportunidad” por encima de los principios.
O peor: grupos que nunca tuvieron principios y lo disimulaban con dos poses y una sala llena de 200 personas.


Para mí el rock es ética mínima.
Por eso un facha escuchando Barricada es un chiste.
Porque Barricada es dignidad obrera, rabia contenida, dolor real. No pegatinas.

Y por eso me repatea ver bandas del circuito entrando al Viña como quien entra a un centro comercial: sin pensar, sin preguntar, sin sentir vergüenza.


¿Este editorial cambiará algo?
No.
Ellos tocarán, cobrarán y seguirán como si nada.

Pero yo necesitaba decirlo.

Porque RdeRock no vive de clics ni de favores.
Vive de presencia, de actitud, de realidad.

Y la realidad es que 2025 era el examen.
Algunas bandas han aprobado.
Otras han copiado.
Otras directamente ni se han presentado.


Y si seguimos así, en cinco años dará igual quién toque en el Viña.
No quedará rock que defender.
Solo quedarán figurantes vestidos de negro cantando canciones vacías.

Y esa es la muerte más triste de un género:
la muerte por indiferencia,
por cobardía disfrazada de pragmatismo,
por confundir el escenario con la meta
cuando el escenario solo era el medio.


[Fran – RdeRock, diciembre 2025]

Deja un comentario

[RdeRock] – Sumar es fácil. Lo jodido es no traicionar lo que te trajo hasta aquí.